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La luz surgió como negativo de la pura oscuridad... y el viajero mecánico llegó a saberlo durante un instante de lucidez que brilló fulgurantemente antes de volver al apagón natural del no.
I
Nunca se movía ni un ápice sin sus conocimientos arcanos de la verdad absoluta que llevaba encima, pegada a cada vértebrarticulaciónrodillacráneofémurmédula.
II
El sol nunca resplandeciente de su metaverso oscurecía todo lo que iluminaba con sus rayos plasmáticos de pura negación afirmativa que llevaba al límite de las contradicciones a todos los poseedores de la pesadilla cognitiva anteroposterior.
III
El abismo verde se abría a sus pies tras los rojos rubíes carmesíes truculentos de la narcosis inconscienciada que solo se entera selectivamente de lo que quiere sobre las rocas vermífugas etéreas demasiado volátiles para guardarlas en el laboratorio de cristales uterinos que preservan el cianuro de los suicidios estocásticos.
IV
El altar de los sacrificios está preparado para la noche de los experimentos necróticos en cada recoveco de lo oculto a ojos vista, donde los caramelos guardan ácido salado amargo tras un dulzor fresco de intercambio selectivo entre calaveras deshuesadas y falsedades aparentes que rezuman cenizas afiladas en el mango de la vida corrompida por el cieno vomitivopurgante.
V
Cegada por su ímpetu apasionado se encierra en el amor extravagante por la lírica pareada en sonetos que no suenan a budismos iconográficos ni repelentes para mosquitos mefistofélicos de la marabunta apabullante de atmósferas irrespirables que ahogan el grito y el llanto de la desesperación fulminante.
VI
El resplandor de la sangre congelada pétreamente en olvidos extradimensionales de eones insondables vuelve a iluminar el epicentro de la purpurina festiva que baila al son de una psicodelia fallecida en el tumulto de lo virginal inatento en aquello no percibido que se escapa al escrutinio de los sentidos pero acecha agazapado en la fase más profunda de lo inabarcable.
VII
Camina... camina sin rumbo ni dirección... camina por instrucciones algorítmicas que le marcan un paso tras otro hacia nadie sabe dónde... inspiraciones oscuras... presentimientos ocultos... sensaciones esotéricas... y razonamientos científicos basados en la evidencia de ciegosmudosordos.
VIII
Camina... camina sin rumbo ni dirección... camina por instrucciones algorítmicas que le marcan un paso tras otro hacia la constatación del artificio de horror promulgado a las cuatro tierrasairesaguasfuegos de esa perpetuación interminable del sufrimiento... del dolor... de la pena... de la depresión... de la pobreza... del hambre... de una nueva era preocupada por la inteligencia artificial... cuando lo único que debería preocupar es el agotamiento definitivo del agua... antes del inminente colapso de los túmulos funerarios en cada mirada de no me importa la verdad... solo quiero tener razón.
IX
El caminante ignorante lleva una carga inevitable de prejuicioscreencias sobre su identidad personal y los sentidosignificados de la realidad, el mundo, los humanos, la vida, la raza, el género, la religión, la ciencia... y sigue... y sigue caminando... y no lo sabe pero se acerca al vacío que le hará caer con todo el peso de las tenias bacteriformes iridiscentes que están a punto de colapsarle las células para promover la transformación metamórfica bafomética de una alquimia interior desconocida, donde el género y sus roles se diluyen entre los polvos de la piedra filosofal astada que baila al son de los frenéticos tambores de pezuñas hendidas, mientras se pone cachonda estrujando sus enormes tetas que ningún hombre entiende, al mismo tiempo que llega el frenesí orgiástico del pánico y su negra verga se hincha hasta el paroxismo de una corrida cercana que inunda el territorio no binario de semillas florecientes que emasculan cual athame ritualceremonial los dualismos de siempre y por fin la iniciación a los misterios de la voluntad transgénero atraviesa su madurez caída del árbol de la ciencia de los pentáculos cachondos sedientos de orgasmos infinitos que sumerjan las vicisitudes en el fin de todos los armarios donde entra el anciano y salen jóvenes y brujas multiplicadas por larga, yerma y cruel... nuestra senda es.
