[...] y escribiría unos relatos para las revistas pulp que transformarían el paisaje de la cultura popular americana hasta un punto que jamás habría podido imaginar.
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Murió con cuarenta y siete años. En sus últimos días, sufriendo espantosamente por culpa de un cáncer intestinal que había padecido durante años sin diagnóstico y sin tratamiento, a pesar de la presencia de numerosos síntomas tempranos, carecía de razón alguna para pensar que alguien fuera a recordar su nombre.
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