La bruja —y en especial la noción que hubo al principio de la modernidad de la bruja como parte de una gran conspiración satánica contra el orden y la estabilidad de la civilización— sí que aparece en lovecraft. aunque bajo una forma radicalmente alterada. A Lovecraft le encantaba Salem y la visitaba a menudo para contemplar Gallows Hill. Quizás no sea ninguna sorpresa que le fascinara el arquetipo más longevo de la bruja, teniendo en cuenta que fue uno de los autores americanos más obsesionados con Nueva Inglaterra que ha habido, junto con Hawthorne.
Página 24
A principios de la década de 1920 Lovecraft leyó El culto de la brujería en Europa occidental de Margaret Murray y aceptó en gran medida sus tendenciosas afirmaciones. La creencia de Murray en un culto real a la brujería, que había sobrevivido en secreto desde tiempos anteriores al cristianismo fascinaba a Lovecraft. Murray no creía en brujas que lanzaban hechizos y fabricaban pociones mágicas. Imaginaba la brujería como un culto religioso perseguido y centrado en ritos de la fertilidad, que había conseguido perdurar por lo menos hasta el inicio de la era moderna. A Lovecraft lo sedujo por completo aquella idea. Sin haber leído nunca nada de la historiografía emergente de los juicios por brujería en Europa, aceptó las afirmaciones de Murray, añadiéndoles un racismo violento que jugaría un papel importante tanto en su visión del mundo como en algunas de las decisiones más cuestionables que tomaría como autor.
Página 25
