Lovecraft fue casi el único de entre los escritores importantes de su época que rechazó el consuelo de la religión, del comunismo, del fascismo o incluso de las certidumbres del racionalismo científico, en el cual sí creía, pero no lo reconfortaba. Vio que el poder irrevocable del pasado ofrecía la posibilidad de la paz, pero también del terror, y algunos de sus conflictos personales y filosóficos más profundos surgían de la imposibilidad de salir a flote en lo que su relato más famoso llamaba «los mares negros del infinito».
Páginas 40 y 41
