Solsticio de invierno
Del 19 al 23 de diciembre de 2025
1. La metademonología es una disciplina metamákgica operativa emergente, que acaba de dar comienzo, manifestada por primera vez como concepto e idea sin concretar, entre el 8 y el 12 de febrero de 2024, aunque no se desarrolló por completo hasta casi dos años después, quedando plasmada durante el solsticio de invierno que tuvo lugar entre el 19 y el 23 de diciembre de 2025, activándose operativamente para cualquier verdadero metamago consumado que decida llevarla a efecto práctico; si por algún motivo resuena contigo la idea de metademonología ahora mismo y no conoces el novedoso paradigma de magia ocultista en el que se fundamenta, sería conveniente iniciarte primero: METAMAKGIA. Nuevo paradigma de magia ocultista.
2. A efectos prácticos comparativos podríamos decir (salvando las distancias) como metáfora, que la metademonología es el equivalente simbólico a la "psicología" en metamakgia (aunque solo en la primera fase), entendida esta no como se pretende explicar desde la propia psicología, sino como una forma de sacerdocio católico laico, donde se produce un efecto equivalente pero secularizado, a la "confesión de los pecados", aunque también a la "exorcización" de nuestros "demonios" internos (creencias erróneas y erráticas) autogenerados (que cristalizan en trastornos cognitivos y conductuales).
3. La metademonología, como muy bien explica la palabra, es la disciplina metamákgica que va más allá de la demonología, definiéndose la palabra 'demonología' como el 'estudio sobre la naturaleza y cualidades de los demonios'; en realidad, la demonología es una rama de la teología cristiana opuesta a la angelología y que se dedica a estudiar los demonios, basándose en sus orígenes, naturaleza y poderes, partiendo de una concepción religiosa derivada de las religiones abrahámicas del libro (judaísmo, cristianismo e islamismo), pero... ¿qué son los demonios?
4. Un demonio es una entidad o ser sobrenatural imaginario y especulativo inventado por el ser humano desde la más remota antigüedad, con una serie de sentidos y significados distintos y diferenciados dependiendo de la religión, la sociedad, la cultura y el folclore que lo interprete y escenifique, definiendo subjetivamente sus imaginarios y fantaseados atributos, que van desde lo benévolo protector hasta lo malévolo destructor.
5. El concepto "demonio" es una distorsión lingüística retorcida y manipulada del concepto griego "daimón" que le da origen, cuyo significado es "dios", "divino", "poder", "destino"; el daimón griego original que acabaría degenerado en la impostura falsa del demonio judeocristiano, es un concepto de la mitología y religión de la antigua Grecia que, a pesar de sus diversas y amplias acepciones, en última instancia hacía referencia a un tipo de poder sobrenatural, algunas veces personificado en un ser mitológico semidivino o a medio camino entre los héroes y los humanos (incluso llegó a ser un espíritu y un filosófico guía interior), pero otras muchas no, manteniendo su abstracción como "fuerza" y "poder", con atribuciones no necesariamente negativas (a veces los daimones eran benéficos y otras veces maléficos); luego, en latín "daimón" pasó a ser "daemon" y de ahí degeneró en "demon", la raíz lingüística que el cristianismo primitivo usó para crear la concepción "demonio" ("daemoni", "daemonia"), modificando, manipulando y alterando la concepción daimónica original, para que ahora solo tuviera atribuciones malignas, malvadas e indeseables, con una clara y obvia intención: el sometimiento creyente a la fuente doctrinal y dogmática de autoridad externa (dios) inventada, implantada e impuesta a la fuerza por el cristianismo a nivel histórico, aunque en la Roma precristiana ya se estableció la doctrina de los "daemones beneficus" y los "daemones maleficus".
6. El escritor y apologeta cristiano latino, nacido en el norte de la África romana, Lucio Cecilio Firmiano Lactancio (245-325), se opuso doctrinalmente a la tradición griega de los daimones, para modificar la percepción residual romana de los "daemones beneficus" (protectores) y "daemones maleficus" (malignos), afirmando que todos los "daemonia" eran malignos, estableciendo así un falso dogma de fe cristiano inventado especulativamente sobre la marcha y superpuesto artificialmente al origen griego que, partiendo de una concepción mitológica anterior, la alteró a su manera y con intenciones torticeras; siglos después esta nueva concepción manipulada terminaría desembocando en la creación de la demonología, como conocimiento teológico (el velo religioso del presunto conocimiento sobre lo divino que distorsiona la percepción del creyente para deformarla hacia el sometimiento a la fuente principal de autoridad externa o dios, a través de sus hipotéticos representantes en la tierra, los clérigos, que impide el pleno reclamo de la fuente de autoridad interna) de la concepción distorsionada, alterada y equivocada sobre los "demonios" inventados por el judeocristianismo.
7. Los demonios judeocristianos existen para la metamakgia sin ninguna duda, pero nunca como pretende la demonología, es decir, como entidades malévolas e infernales que buscan la "perdición" del ser humano (léase potencial creyente sometido a las fuentes clericales y dogmáticas de autoridad religiosa que pretende legislar sobre la vida interior y condicionar el comportamiento exterior del individuo) y existen metafísicamente hablando, tal y como son presentados por los dogmas de fe.
8. Los demonios judeocristianos son "fuerzas" y "poderes" que operan abstractamente en el interior de la subjetividad humana, a través del sistema nervioso central, mediante redes neuronales que habilitan creencias condicionantes sobre lo ético y lo moral, en las sociedades occidentales o culturas que han recibido influencias judeocristianas condicionantes, a nivel educativo, desde la infancia, mostrándose no como seres existentes, sino como conductas, comportamientos, actitudes inconscienciadas por automatización y creencias irracionales e infundadas que dañan y perjudican al individuo, afectando simultáneamente a su entorno por extensión y contagio.
9. La teología y la angelología son máscaras estériles e inútiles, meros maquillajes ideologizados sin fuerza ni poder alguno; el verdadero "poder" evocador y "fuerza" impulsora de cualquier civilización occidental es la demonología, pues condiciona la débil mente del creyente sometido, aunque su sometimiento no sea religioso explícito (pues la secularización laica no borra ni reformatea los condicionamientos ya adquiridos durante la educación infantil, arraigando en el entorno familiar y sus reglas particulares de funcionamiento psicogenealógico disfuncional), mediante la legislación, la política (sea democrática o autocrática, no importa), las costumbres, la celebración de las festividades, el seguimiento cronológico calendarizado del tiempo fechado, el trabajo remunerado o la venta del tiempo vital a cambio de dinero, la mercantilización de la vida cotidiana cual transacción comercial continua, así como la mayoría de conductas y comportamientos automatizados en inconscienciación, que conducen a la zombificación humana.
10. Todos los demonios son internos e imaginarios y se manifiestan, en el contexto civilizado judeocristiano, como temores, terrores, horrores, miedos, preocupaciones y sobre todos los demás aspectos, obsesiones y fijaciones que alteran el comportamiento de manera errática, "poseyendo" al individuo para atarlo a una serie de conductas y creencias repetitivas obcecadas, cuya consecuencia es vivir en una agitación mental acelerada e hiperactiva; de esta manera, el individuo se convierte en un "servidor" de sus "demonios" interiores.
11. Nadie puede "exorcizar" los demonios de cada cual, solo cada cual puede "exorcizar" sus propios demonios para sí mismo y nadie más; entonces, aquí es donde entran en juego las mentiras impostadas de una sociedad comercial basada en la transacción mercantil para todo, donde se crean dependencias innecesarias cuya finalidad es estar estafándonos unos a otros continuamente para obtener la moneda de cambio con la que satisfacer nuestros equivocados deseos y ficticias necesidades, así como "hambres" psicológicas fantaseadas: sí, cualquier moneda de cambio y aspiración vital es otra manifestación demonológica que nos ata y somete a la voluntad de nuestros "demonios" internos, sea prestigio, reconocimiento, aceptación, belleza, juventud, éxito, etcétera.
12. La metademonología comparte hasta cierto punto la idea del precursor británico de la magia del caos Ramsey Dukes (pseudónimo de Lionel Snell) plasmado en EL PEQUEÑO LIBRO DE LOS DEMONIOS. Las ventajas de personificar los problemas de la vida (Aurora Dorada Ediciones, Xàtiva, 2021); todo metamago consumado que decida investigar e implementar la disciplina metademonológica en su trabajo metamákgico personalizado, sería conveniente que aprendiera EL PEQUEÑO LIBRO DE LOS DEMONIOS y luego lo implementara en su vida cotidiana, para familiarizarse con la primera idea premetademonológica pionera que le prepare y ayude a empezar con su propio trabajo.
13. La metademonología tiene varias utilidades prácticas, partiendo de una presunción derivada del campo de investigación y estudios sobre la consciencia, cuya decantación es favorable a la hipótesis que afirma que la consciencia no se genera como epifenómeno residual de la actividad neurológica, sino que es algo (aunque no se sabe qué) más allá del cerebro.
14. Para poder ser operativa, la metademonología parte de un modelo cartográfico subjetivo sobre la consciencia, que no pretende tener la respuesta al enigma de la consciencia, sino ofrecer un marco de acción y contexto para poder operar en la realidad cotidiana con ella.
15. Este modelo cartográfico metademonológico se fundamenta en la especulación subjetiva de que la consciencia es un campo de información abstracto, caótico y sin forma, al que llamamos "consciencia no local" y opera en la no localidad, es decir, la totalidad difusa de lo existente, siendo el soporte, fundamento y sustento para que exista la localidad o manifestación explícita de la "consciencia no local" como "consciencia local" que, ahora sí, toma forma explícita y acaba desarrollando la conciencia, cual efecto residual de la actividad neurológica, compuesta por la sensación de ser un yo o identidad personal ficticia e impostada, con la que se autoidentifica equívocamente la "consciencia local", en especial dentro de la forma y manifestación humana.
16. Evidentemente la idea de no localidad y "consciencia no local" es similar al concepto chino Tao, desarrollado tanto en el taoísmo filosófico (daojia) como en el taoísmo religioso (daojiao), pero no tiene nada que ver con los modelos cartográficos explicativos de la aplastante mayoría de religiones organizadas desde la antigüedad posneolítica histórica, donde se remite a varias divinidades desdobladas (dioses y diosas) o a una divinidad unificada (dios); para la metademonología, a efectos prácticos, dios y/o cualquier concepto de divinidad, es una invención humana que básicamente establece una serie de velos cognitivos, partiendo de una interpretación perceptiva intencionada pero sesgada y por tanto, equivocada, con finalidades religiosas y políticas organizativas (consenso creyente mediante el sometimiento a una fuente de autoridad externa), para construir civilizaciones y que estaba ausente con anterioridad.
17. Uno de los trabajos más interesantes (aunque no deja de ser especulativo) para entender esta divergencia entre el pensamiento paleolítico nómada, que tenía una concepción de la realidad dependiente de su contexto vital, y el pensamiento neolítico sedentario, que modificó radicalmente esa concepción para desarrollar otra totalmente condicionada por la necesidad de una organización consensual colectiva lo más unificada posible (algo imposible pero que se puede ficcionar), es LA CAÍDA. Indicios sobre la edad de oro. La Historia de seis mil años de locura y el despertar de una nueva era (Ediciones La Llave, Móstoles, 2008) del psicólogo británico Steve Taylor.
18. Las dos direcciones potenciales que toma la metademonología, como disciplina metamákgica con la cual puede operar a fondo el verdadero metamago consumado, implican, por una parte, la necesaria "exorcización" de todos nuestros "demonios" interiores para empezar, como punto de partida esencial y obligatorio antes de pasar adelante, donde nos puede ayudar (o no) EL PEQUEÑO LIBRO DE LOS DEMONIOS, pues si primero no aclaramos y despejamos del todo nuestro cuerpo psíquico, "exorcizando" sus "demonios" interiores (la estructura del condicionamiento operante) particulares (miedos, agitaciones, manías, preocupaciones, tendencias inerciales inconscienciadas, pero sobre todo obsesiones y fijaciones ideológicas) para liberarnos de ellos, no podremos pasar a la implementación de las fases avanzadas, donde aprenderemos, por nuestros propios medios, a crear "demonios" personales sobre los que tendremos el control particular, cual "servidores" nuestros que nos ayudarán, reflejando el nivel de conocimiento y comprensión adquiridos a lo largo de nuestra trayectoria vital; si, evidentemente, no completamos la primera fase, entonces se volverán en nuestra contra de maneras muy sutiles, pero también obvias, de ahí que antes de crear "demonios" particulares deba ser completada la primera fase de "exorcización" personal de todos los "demonios" interiores a los que servimos en total inconscienciación (creencias, ideologías, especulaciones subjetivas, opiniones, adicciones).
19. Si la "exorcización" de nuestros "demonios" interiores a los que servimos en total inconscienciación se ha completado correctamente, deberemos entrar en un estado de serenidad metafísica (emocional), lucidez psíquica (mental) y coherencia física (celular); aspecto este citado que únicamente puede obtener un verdadero metamago consumado si ha logrado alcanzar Supremum Liberationis previamente, el último día de sus 49 años de edad, sin haber tenido descendencia (renuncia voluntaria y consciente a la procreación), por tanto, nunca jamás es conveniente pasar a la segunda fase de la metademonología antes de los 50, pero si se ha tenido descendencia (procreado consciente o inconscientemente), es mejor no empezar ni con la primera fase, olvidándote de la metademonología (y la metamakgia por definición), pudiendo trabajar sin problema con otros paradigmas de magia ocultista previos y más o menos efectivos, dependiendo de la elección y el nivel de comprensión desarrollado.
20. La segunda fase de la metademonología no puede ir pautada ni sugerida de ninguna forma a nivel público, por tanto, cada verdadero metamago consumado deberá desarrollar e implementar su forma particular de trabajo metademonológico en privado y jamás compartir con nadie, especialmente en público, su propia metodología ni creaciones metademonológicas, guardándolas para sí mismo en la mayor intimidad.
21. La "exorcización" de todos nuestros "demonios" interiores requiere una vida de autoindagación dedicada, siendo lo más conveniente empezar cuanto antes, pero focalizándose el tiempo más óptimo y receptivo para desarrollar el trabajo, entre los 21 y los 49 años de edad, siempre y cuando no haya ni la más mínima intención procreativa; si no es así, lo mejor sería abstenerse.

